miércoles, septiembre 28

Verano del 42

"Hace años, en Kiev, me contaron por qué los jugadores del Dínamo habían merecido una estatua.
Me contaron una historia de los años de la guerra.
Ucrania ocupada por los nazis. Los alemanes organi­zan un partido de fútbol. La selección nacional de sus fuerzas armadas contra el Dínamo de Kiev, formado por obreros de la fábrica de paños: los superhombres contra los muertos de hambre.
El estadio está repleto. Las tribunas se encogen, silen­ciosas, cuando el ejército vencedor mete el primer gol de la tarde; se encienden cuando el Dínamo empata; esta­llan cuando el primer tiempo termina con los alemanes perdiendo 2 a 1.
El comandante de las tropas de ocupación envía a su asistente a los vestuarios. Los jugadores del Dínamo escu­chan la advertencia:
-Nuestro equipo nunca fue vencido en territorios ocu­pados. Y la amenaza:
-Si ganan, los fusilamos.
Los jugadores vuelven al campo.
A los pocos minutos, tercer gol del Dínamo. El público sigue el juego de pie y en un solo largo grito. Cuarto gol: el estadio se viene abajo.
Súbitamente, antes de hora, el juez da por terminado el partido.
Los fusilaron con los equipos puestos, en lo alto de un barranco."



Eduardo Galeano
"Días y Noches de amor y de Guerra"
1978

3 comments:

At jueves, septiembre 29, 2005 2:04:00 a. m., Blogger Piotr said...

Wow, que tremendo, y es una historia cierta?, pues que si lo es, tamaños heroes esos...

 
At jueves, septiembre 29, 2005 9:27:00 p. m., Blogger LMP said...

Suena familiar.

 
At sábado, octubre 01, 2005 1:39:00 p. m., Blogger Chirimoya_Alegre said...

Cuando me encontré con este cuento, hace muchos años atrás, sentí un piedrazo en la cabeza que me duró varios días...después me volví a topar con él, hace algunos meses y un amigo me lo recordó hace un par de noches. Siempre es la misma sensación: la sinrazón, lo que se pierde, la toma de desiciones con peso insondable. Este tipo de relatos son como un ancla cuando me ahogo en un mar de supuestos problemas que no son nada, me ponen en mi lugar, me paran el carro y me dicen: hey! eres afortunada! eres libre y, aunque a veces me autoboicoteo, eres muy feliz.
Y es así, llana verdad.
Yo adoro el fútbol y este cuento hizo que esta adoración, a veces tan pedestre que averguenza, tuviera un significado nuevo.

Besos pensantes para los dos. Atentos que se vienen nuevas cápsulitas similares.

Chirimoya goleadora de milagros.

 

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